- Introducción
Todo parece indicar que como sociedad hemos transitado por colectivos que han recorrido modelos disímiles, desde el de “la disciplina”, impuesta por las normas, según explica Byung-Chul-Han, pasando a la “del rendimiento”, donde hizo una parada, definiéndose por la actividad excesiva, recurriendo inclusive al uso de potenciadores cognitivos, llegando con esa supra actividad al agotamiento. Dice, somos una sociedad cansada por haber explotado todos los recursos del rendimiento auto impuesto.
Nos recuerda cómo pasamos del llamado modelo “inmunitario”, en el siglo pasado, acogiéndolo y replicándolo en el nivel social con una máxima de “repeler todo lo que sea extraño “, independientemente de que sus intenciones sean agresivas o pacificas. A ello lo identifica como “reacción de alteridad”, ataca todo lo que le es ajeno. Bien podríamos identificarla con el fenómeno de las migraciones que la profesora Adela Cortina coloca en su obra Aporofobia.
¿Sería una primera pregunta sobre alteridad y extrañeza, rechazo al pobre o al migrante? o ¿se abre un debate puntual sobre la justicia que debe prevalecer entre el otro y lo otro en oposición a la sustitución de lo propio por lo de fuera, poniendo en riesgo lo naturalmente adquirido violentando el Principio de Justicia?
- Un debate
En su Ensayo sobre el cansancio Peter Handke (Novelisa Austriaco) individualiza el agotamiento social para identificar dos tipos de cansancio:
a) El elocuente o fundamental que es concebido como oportunidad de vinculación con el mundo y la intersubjetividad, la amistad y la comunión, el paso del yo al nosotros, o también conocido como “cansancio que conecta”.
b) El cansancio sin habla, el que deja al individuo solo, similar al cansancio que Byung describe en la Sociedad del rendimiento, el que surge de la auto explotación y la hiperactividad de la sociedad moderna
Byung ubica el cansancio como una enfermedad sistémica de la sociedad del rendimiento mientras que Handke propone una visión existencial del cansancio que puede ser liberadora.
Ambos coinciden en que la sociedad moderna tiene un exceso de rendimiento. Es el paso de las prohibiciones propias, de la disciplina y vía el DEBER a una del rendimiento basado en el SI
PUEDES. Difieren en que Handke coloca los dos tipos de cansancio ya señalados, mientras Byung afirma el cansancio es fruto del agotamiento por auto explotación que se empecina en el rendimiento, y asume el Si como respuesta a la imposibilidad auto impuesta de no decir NO, lo que provoca un aislamiento que lo separa del otro, que es hiperactiva, pero Handke ve positivo ese cansancio en tanto al disminuir el Yo, obliga a un espacio libre para contactar con él y los otros, permite la amistad y el “no hacer sosegado”, llegando a convencer a Byung de que esa sociedad del cansancio necesita recuperar ese agotamiento para oponerse a la hiperactividad y la hiper explotación dando paso al escuchar, a la contemplación, a la creación de comunidad y otredad dejando atrás el cansancio sin habla, optando por el cansancio elocuente.
Son formas literarias y sociológicas de abordar un mismo tema que, de recuperarse nos coloca en manos de propuestas bioéticas que superen el paradigma del rendimiento que agota y genera cansancio, individualiza y mata, que desune, afirma Handke, que nos hace centrarnos en el Yo y da un horizonte moral a la participación comunitaria.
- El puente hacia la sociedad del cuidado
La sociedad preconizada por Handke es más amigable que la presupuesta por Byung, con el yo y el nosotros y sirve de puente bioético al auto y hetero cuidado
La sociedad del cuidado (que es el entorno que nos convoca en este interesante evento), que crea vecindad, que no incluye solo a los conocidos y familiares sino de manera preferencial al otro.
Al respecto Boff nos recuerda su esencia en su texto “Saber cuidar” que estamos frente a una crisis de civilización generalizada que se manifiesta en el descuido, la indiferencia y el abandono, por lo que se requiere de un paradigma de convivencia que se base en el respeto y la preservación de todo lo que existe y tiene vida, en especial, a los vulnerados por sus condiciones infrahumanas de subsistencia, por la indiferencia por la dimensión espiritual (espíritu de gentileza) que para él se apoyan en la lógica del corazón y la compasión.
Estamos convocados a formar un nuevo ethos, dice Boff, que promueva una nueva forma de convivencia” entre los seres de la comunidad bioética, planetaria y cósmica, sin dudas una ética del cuidado, que parta de una responsabilidad con el otro, que lo haga sentir humano.
- El cuidado que da sentido a la vida
Llegar a un planteo de una sociedad del cuidado responde a una realidad signada por una sociedad del descuido, que tiene sus descuidados favoritos en niños sometidos al trabajo, alejados de la escuela, familias sometidas a la pobreza, las injusticias, personas discapacitadas, envejecientes desvalidos y también miembros de clases menos depauperadas, todos necesitados de cuidado. Como afirma Miguel Kottow, bioeticista chileno: “un indicador de invulnerabilidad es el compromiso correlativo que de inmediato genera el mitigar o eliminar el desmedro que detentan “y citando a Honneth 1992 dice “no asumirlo es una negligencia ética, una falta de reconocimiento de personas desempoderadas”.
- Imponer el cuidado
La sociedad del cuidado ha de construirse por el compromiso ético que genera descubrir
el cansancio para imponer el cuidado y generar medidas de acción a través de políticas que proporcionen mejores condiciones de vida de la comunidad, como puede ser la llamada “economía del cuidado” que propone hacerlo desde la generación de empleos y movilización de la economía consolidando comunidades de cuidado y apoyo a las familias, partiendo de la premisa de que todos estamos en la posibilidad de, en algún momento, ser dependientes que requieran de cuidados.
Los cuidados, por tanto, tienen que ser reconocidos como derechos y responsabilidades colocando en una dimensión de justicia a los cuidadores de manera que no se profundicen los parámetros de pobreza y desigualdad.
El potencial del cuidado visto desde esta perspectiva agiliza la economía en tanto se convierte en empleo con respuestas técnicas y éticas en la figura de un cuidador diseñando una posible sociedad del cuidado en la que el binomio cuidado-cuidador tenga garantizado su estatus relativo como derecho ciudadano.
“La categoría del cuidado incluye las actividades indispensables para satisfacer las necesidades básicas de la existencia y reproducción de las personas, garantizando los elementos materiales y simbólicos que posibilitan vivir en sociedad” ( Ceminari y Stolkiner).
Esta visión implica la no feminización del cuidado sino interpretarla como una dimensión del bienestar, colocando en el centro la sostenibilidad de la vida y su objetivo reconocer, redistribuir y valorar el trabajo de cuidar que ha sido naturalizado como femenino y que la ONU propone reconocer como un bien público.
- No feminizar el cuidado
Joan Tronto (feminista norteamericana) afirma que la sociedad del cuidado es la que reconoce que todas las personas somos interdependientes y que el cuidado no debe recaer solo sobre las mujeres y Diego Gracia la ubica como una actitud que reconoce la vulnerabilidad del otro. Ambos postulan por una sociedad justa, sensible y profundamente humana. Es la postulación de una ciudadanía cuidadora como actitud ética ante la fragilidad de la vida. Para ella la educación del cuidado enfatiza en la respuesta.
Al respecto Tronto considera que hay 5 cualidades propias de la ética del cuidado:
- Atención. Para poder responder al necesitado hay que estar atentos.
- Responsabilidad. Establece diferencias con la obligación para romper ambigüedades y clarificar el compromiso y la respuesta requerida.
- Competencia o actitud para brindar el cuidado, es la adecuación de manera que se satisfaga la necesidad exigida por el cuidado.
- Capacidad de respuesta, enfatiza en que el cuidado se ocupe de las condiciones de vulnerabilidad y desigualdad respondiendo a lo solicitado por los vulnerables necesitados
- Pluralidad, confianza y respeto. Lo relaciona con solidaridad que mueve a la asunción de responsabilidad colectiva de ciudadanía y las necesidades de cuidado de la sociedad
- Retos bioéticos
En su explicación más sencilla es hablar de cómo reorganizar las estructuras sociales, económicas y políticas de una colectividad poniendo en el centro el tema y la acción, el cuidado y la vida. Es pasar de los modelos sociales señalados: inmunológico, rendimiento y cansancio, o sea del rechazo a la extrañeza, de la auto explotación y el cansancio en cualquiera de sus versiones, vamos cambiando a un paradigma identificado por el cuidado, identificado como política colocada en el centro de la organización social cuyos orígenes se remiten al pensamiento feminista reivindicando la forma de distribución del trabajo y el cuidado como anclaje para la subsistencia digna de la vida con apoyo y reconocimiento del otro, remarcando la importancia de la interdependencia desde la niñez , enfermedad, discapacidad, etc.
*Rescata una nueva visión que desplaza el viejo modelo de un cuidado socialmente asignado a la mujer y mal o nada remunerado. Tanto marcó el modelo tradicional que impactó en el mundo académico y profesional el sello de género, según el área, que al final en medicina se comprendía que el rol del médico, hombre en su generalidad, era tratar y la enfermera, mujer por lo general, era cuidar. Este patrón remitió cuando la matricula prevaleciente paso a ser femenina y el cuidado, pago o no, fue reconocido y ejercido por quienes lo asumieron como tarea digna y derecho universal, cuyo objetivo es la búsqueda del bien.
En este nuevo paradigma se desarrolla el concepto integral del cuidado y del autocuidado, como la relación entre el cuidado y el cuidador (derechos y reconocimientos) así como la responsabilidad de cuidar el medio ambiente.
Las políticas públicas requieren del desarrollo de nuevos modelos que construyan experiencias de atención en guarderías especializadas, centros de especialización en adultos mayores, en discapacitados, enfermos, así como servicio domiciliario como políticas públicas y no solo como experiencias comerciales privadas, que validas per se no cubren el rol de un Estado cuidador.
Estas propuestas se desvinculan del individualismo al reconocerlo como derecho, desarrollando sistemas nacionales, reformas fiscales y laborales que los asuman en su dimensión ética de equidad y los remunere desde una perspectiva de justicia.
* “Abordar el cuidado desde el diseño de políticas es politizar el cuidado, es no naturalizarlo como femenino, sino abordarlo como una dimensión del bienestar que debe garantizarse en un marco de equidad de género” (Rodríguez Enríquez, 2015) Esquivel, por su parte, propone promover la redistribución de los cuidados provistos por las familias hacia la esfera pública a partir de un rol más activo del Estado en su provisión”
El sustento y fundamentación de la sociedad del cuidado reside en la ética del cuidado, dada su estructura central basada en la interdependencia de las personas, dando un sentido moral a la interacción cuidados-cuidadores.
* Desde los inicios en que la psicóloga y filósofa norteamericana Carol Guilligan enriqueció la visión de importantizar las relaciones antes que la autonomía, igual que los aportes en los ochenta de la filósofa Nel Noddings, norteamericana, que enfatizó en la relación que debe existir entre el cuidado natural (querer cuidar) y cuidado ético (necesitar cuidar), se construye un puente de moralidad que enarbola derechos y respeto a la dignidad de la diada cuidado-cuidador, comunidad-estado, la bioética tiene retos que deben acompañar los procesos de instrumentación de las políticas antes señaladas, siendo una de suma importancia la elaboración de políticas y estrategias que garanticen la equidad y el acceso al cuidado velando porque todos los ciudadanos tengan acceso a cuidados de calidad, poniendo al margen los programas asistenciales de carácter proselitista de los partidos en el poder.
* Un segundo reto es la investigación del cuidado sin sesgos ni parcialidades de género, distribuyendo de modo justo las responsabilidades del cuidado, formándolos no solo en los compromisos técnicos sino también en los morales los cuales encierran el reconocimiento de la dignidad como principio normativo. Y respetando la toma de decisiones sobre todo de incapaces e incompetentes[1] por edad o situación de discapacidad, desarrollando programas y “empujoncitos” políticos que legalicen el uso de instrumentos como las directrices anticipadas, para que se cumplan en la práctica los deseos del que es cuidado, que es reconocer el respeto de sus valores, derechos y aspiraciones finales.
Son retos porque no hay suficientes modelos desarrollados o en desarrollo, que yo conozca, que se estructuren en base al componente ético, sino más bien, en el componente técnico del arte de cuidar.
Autonomía, participación y respeto son tres pilares éticos del arte de cuidar y ser cuidado y requiere sentar a la mesa del diálogo a los hacedores de políticas y los constructores de bases bioéticas, que den soporte a dichas estructuras donde juega un papel importante rescatar y fortalecer la figura del cuidador, en su selección, formación actitudinal y técnica, en su adecuada remuneración y perfil bioético.
* Debe trabajar desde una perspectiva humanizadora, bioetizando sus definiciones e intervenciones para impedir que los avances tecnológicos, IA, entre otros, mercantilicen las necesidades y cosifiquen al necesitado del cuido ni exploten al cuidador.
Sin dudas, la bioética juega un papel especial en este panorama en el cual sea garante dentro de esas políticas y estrategias de la conducción de modelos justos y equitativos, respetuosos de la dignidad de todos los involucrados.
- Conclusiones
El filosofo Coreano Byung Chul-Han nos brinda la plataforma donde podemos enlazar la bioética con la sociedad del cuidado. Nos relata la asistencia a un cambio de paradigma con el paso de una sociedad disciplinaria signada por la imposición de sus reglas del juego a otra caracterizada por el rendimiento hasta la auto explotación como signo de identificación.
En la primera primo el castigo ante el incumplimiento mientras que en la segunda cumplir es una meta y no hacerlo una frustración.
Es la sociedad del rendimiento la que termina en cansancio excesivo por una positividad construida en un YO que individualiza y aísla “desune”, diría Handke, y hasta el cansancio es por separado, rompiendo todo tipo de comunicación hasta con los más cercanos, centrándose en el YO , rompiendo cualquier posibilidad de comunidad y acercamiento al otro, mucho menos a pretender al cuidado del otro.
Handke tira un puente potenciando lo que llamo “lasitud elocuente” la que tiene intencionalidad reconciliadora, “soy el otro, lo otro y el otro pasa a ser yo (Handke), lo llama cansancio fundamental abriendo puentes morales de comunicación y una manera de salvación y sosiego a partir del cansancio del nosotros, “no estoy cansado de ti sino cansado para ti”
Es el momento para delimitar los retos bioéticos partiendo de una nueva visión de una sociedad cansada de estar cansada, que urge de brazos afectivos que alienten al que necesita ser cuidado sin precisar de familiaridad o cercanía.
La sociedad del presente tiene que contar con esos lazos comunicantes o de lo contrario no hay comunidad posible.
Corresponde al estado vincular políticas publicas que redefinan roles donde este tenga la responsabilidad política de cuidar al urgido, es correlativo con la postura ética actuar de inmediato con medidas de cuidado como seria garantizar los derechos a empleo, vivienda, respeto a los DDHH, educación, etc, donde no se convierta el cuidado en proselitismo político de los gobernantes sino en escenario de solidaridad permeada por principios bioéticos.
La forma de construir una sociedad del cuidado pasa por construir de manera operativa una ética del cuidado que no parcializa su orientación de género, sino que se ampara en la imagen del colectivo que interactúa en la construcción del bien.
Pasa por la acción de apoyo, pero exige la formación ética en la responsabilidad para con el otro, qué lo asume como ser necesitado, no solo en lo material, donde cuidar no sea solo una respuesta laboral de un grupo de cuidadores sino un sentimiento generalizado de cercanía con el otro, con el vulnerado, el necesitado.
La única forma de cambiar hacia el paradigma de una sociedad del cuidado es colocando la búsqueda del bien en el medio de la sociedad y la Justicia como norte que permita discernir con claridad la responsabilidad de cuidar y la necesidad de ser cuidado. Cuidar no es solo un acto caritativo sino una respuesta de justicia que hoy nos cuestiona y a la que debemos responder y así evitar reducirla a un acto de piedad