1. Introducción

Los días recién transcurridos han sido de mucho debate en los medios de comunicación sobre todo en televisión, prensa y redes sociales, relativos a un escandalo generado en un hospital de la ciudad, por la publicación de un caso quirúrgico, donde un señor resulto con un artefacto dentro de su recto, como fruto de un evento acaecido durante una relación sexual.

El tema que involucró la bioética es que aparentemente fue publicado desde el quirófano mismo hacia las redes sociales y el mismo se hizo viral, lo supo todo el mundo, pero a la vez el morbo y la creatividad tejieron opiniones, memes, caricaturas, videos y todo tipo de jocosidad.

El debate ético no se hizo esperar y por las mismas vías del escandalo se suscitaron las argumentaciones, unos planteamos y defendemos que en dichos actos se había vulnerado la dignidad de la persona afectada y la de su entorno familiar y social y otros como el consejo de enseñanza del hospital en cuestión y el colegio medico reivindicaban que no hubo tal vulneración porque nunca se publicaron los datos personales de los implicados.

Las mismas vías que vulneran los principios y valores pueden servir para tender puentes de moralidad. Todo depende de la intencionalidad del acto, por tanto, las tecnologías de la comunicación no son ni buenas ni malas sino que la dirección de la acción es lo que la valora. Esto es tema para otro debate. Lo importante es ver como el desarrollo de la tecnología es capaz de alterar lo que tradicionalmente hemos concebido como la relación médico paciente.

2. Cambios en la relación médico paciente

En el modelo clásico gestionado por la cultura griega había un predominio teonómico donde los médicos eran entendidos como seres especiales que nacieron para mandar y los pacientes para obedecer. La mediación ética era hacer el bien al paciente, aunque fuera en contra de su voluntad porque la obligación moral del medico era decidir que era lo bueno e imponerlo. Es el paternalismo médico.

3. El modelo deontológico

En el momento posterior a la ley natural donde durante 25 siglos predominó el monismo moral o sea una única forma de valorar, se instauró el deber como norma en un desarrollo muy lento de la medicina y la tecnología. El deber lo definía el médico y el mandato ético era la búsqueda del mejor beneficio del paciente

Al final de la década de los 50 empieza  modificarse la relación médico paciente con la introducción del concepto de muerte cerebral, sustituyendo el absoluto existente de la muerte cardiorrespiratoria, cuando a partir de los 60 irrumpe todo el instrumental digital en el campo de la cirugía, los cuidados intensivos, imágenes y procedimientos, aparatos de respiración asistida, hemodiálisis, es como si la vida hubiera cambiado y de esa misma manera las argumentaciones propias de la ética medica de ese entonces quedaron mediatizadas, con más preguntas que respuestas.

La tecnología sorprendió a la ética medica que estaba fundamentada en la deontología que es una visión ética basada en el cumplimiento de los deberes. Ahí nació una gran pregunta que lo cambio todo. ¿Cuál es el deber?

Esta pregunta se hizo en varios casos clínicos que hoy se reconocen como paradigmáticos de los cuales solo citaremos 3 como ejemplos.

 

  1. El caso Scribner. 1960 inventó un dispositivo denominado, la fístula de Scribner, que salvo a muchos enfermos renales en estado terminal en todo el mundo. El primer paciente tratado fue Clyde Shields, quien sobrevivió a su fallo renal por más de once años, falleciendo en 1971.¿Cuál era el deber?
  2. El invento de Scribner trajo un nuevo problema ético al no tener respuesta sobre quien debía ir primero al procedimiento, ya que no había capacidad física para atender a todos los enfermos (Seatle)
  3. El caso clínico de Karen Quinlan en New Jersey (1975) cae en coma profundo, es sometida a una máquina de respiración asistida y meses después se plantean retirarlo ante un evidente estado vegetativo persistente (EVP) irreversible. Se desconecto y duró 10 años respirando de manera autónoma con alimentación artificial sin despertar hasta morir de neumonía.¿Cuál era el deber?
  4. El caso Louis Brown en 1978, Manchester, Gran Bretaña. Se conoció como la primera bebe probeta. Se uso fertilización fuera del cuerpo para luego ser colocado en el útero. 40 años después se queja de que nunca fue anónima ni ha tenido vida privada, lo cual violentó su privacidad¿Cuál era el deber?

Tres de muchos casos en que la tecnología cambio el curso de la historia medica cuestionaron la ética del deber. No se sabía con certeza cual era el deber ya que hubo una transición drástica de los principios fijos y establecidos a la duda razonable.

Era el paso del mundo de las certezas que por 25 siglos dominó a la humanidad con un pensamiento moral único (monismo moral) al mundo de las incertidumbres, donde nada está claro ni es absoluto. Era el paso del deber (lo seguro, “lo que hay que hacer”) a la justicia (¿incertidumbre, “que es lo justo”?) es el momento en que como respuesta a estas cuestionantes nace la bioética como disciplina con un nuevo instrumental para abordar procesos deliberativos y también nació una nueva forma de relacionarse el medico con el paciente

Entra como elemento novedoso y garante de los derechos de los pacientes el consentimiento informado, que es una estrategia metodológica para informar, advertir el índice riesgos beneficios y respetar la toma de decisiones del dueño del cuerpo con quien está dialogando.

A partir de estos cambios se rompe el modelo de la relación médico paciente donde el primero manda y el segundo obedece (modelo de la ley natural) ahora el paciente es sujeto de derechos y entre otros hoy nos interesa tratar un aspecto menos sofisticado de la tecnología que aquellos pero de uso mas universal, menos sofisticado pero capaz de romper de nuevo con los modelos de relación medico paciente, nos referimos a la telefonía móvil y el uso de las redes.

En el caso en cuestión fue un teléfono móvil que en su aplicación de cámara de fotografiar hizo copia externa de lo que estaba ocurriendo en el quirófano provocando una andanada de comentarios, sobre vulnerando cada vez la dignidad del paciente. Ese es solo un caso paradigmático de la modernidad.

Lo importante es el fenómeno que es capaz de generar esta nueva oleada de tecnología popular en el que durante las 24 horas del día todos somos testigos potenciales de todo y ahora toca a la bioética deslindar los campos propios de la relación medico paciente, el secreto y la confidencialidad

El juramento Hipocrático abordo el tema cuando señala:

” guardaré por secreto lo que viera u oyera dentro o fuera del tratamiento, aquello que jamás debiera divulgarse”

Ciertamente aborda el secreto y sin dudas lo hace desde un eje enclavado en la ley natural donde el medico es el mandante, el que pone los limites del secreto (aquello que jamás deba divulgarse) pero eso lo decide él. Los dioses los eligieron para mandar y al paciente para obedecer y es hasta el siglo 16 con la participación de Lutero y en el 18 con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, con la revolución francesa,  que se judicializan las violaciones del secreto y se pasa del deber de guardar el secreto por parte de medico al derecho del paciente a exigirlo.

Ahora estamos frente a un problema moral y otro legal.

4.

Humanizar las tecnologías

Aquella queja constante de humanizar los servicios, de mejorar el trato, la queja de los pacientes porque el medico se concentraba en escribir y no en mirar, o de un un examen físico insuficiente, ahora sufre un nuevo reto ético porque el chateo, la búsqueda de aplicaciones, las llamadas o respuestas, la divulgación de información privada, impacta en el modelo actual de la relación médico paciente.

Ahora la queja es: mientras me atendía conversaba, chateaba, leía en el celular, no me ponía atención. Es una nueva forma de faltar al respeto de la persona vulnerable. La causa es la introducción de un pequeño artefacto de diseminación universal. En el encuentro medico paciente ambos lo tienen, pero la posibilidad y practica de uso habla de una relación de poder donde al paciente probablemente no se le ocurra utilizar.

Ese mismo celular que tomó fotos en el caso señalado, sirvió también para en fracciones de minutos colocarlo en las redes y hacerlo viral con los comentarios propios de la imaginación de cada receptor.

En las situaciones descritas se hizo uso de un aparato que no nos corresponde satanizar sino humanizar, pues este mismo equipo es capaz de salvar vidas con una llamada a emergencia, con una interconsulta entre profesionales para cooperar en la búsqueda de salidas a una situación que amerite acortar distancias y actuar con rapidez.

Las mismas vías que se utilizan para dañar pueden ser las mismas que se usen para salvar, aliviar, acompañar.

El fundamento que debe imponerse ante esta situación es el de la ética de la responsabilidad, aquel que valora las consecuencias frente a la toma de decisiones y las asume siendo capaz de defenderlas públicamente si fuera necesario.

Hay situaciones intermedias en que por razones personales puede hacer falta utilizar estos medios y basta con pedir permiso a los presentes y volver a la calidad del acto terapéutico.

Las nuevas tecnologías van requiriendo de fundamentaciones éticas que las humanicen y pongan al servicio de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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