Hemos arribado a la operatividad de la vacunación y para muchos es como un punto de llegada que se satisface con el elemento físico de la inoculación.
Desde el punto de vista de la bioética son muchos los puntos a tomar en cuenta para darle los visos de moralidad. Unos que ya están presentes y otros que van surgiendo en cada minuto del proceso.
Pensar en todos y comprar vacunas para todos sin dudas es un acto de justicia donde la generosidad se hace presente de manera equitativa, sin discriminación aparente, hasta que surge la pregunta de si serán inmunizados los extranjeros documentados o no. Sin dudas la responsabilidad primaria esta con los nacionales, pero ahora no estamos debatiendo la legitimidad de su estatus sino su vulnerabilidad a ser padecientes, a ser transmisores del virus, a ser parte de la cadena de la infección. Es un debate en deuda, pero urgente.
Se ha iniciado el proceso de inmunización y entre la publicidad que se cuela se anuncia como un eslabón la firma de un formulario de consentimiento informado, lo que en su enunciado nos llena de dudas. Un consentimiento es en inicio moral luego legal. Explica y pregunta sobre la disponibilidad a participar o no en el procedimiento propuesto, es un ejercicio moral para la toma de decisiones a participar o a revocar en cualquier momento la decisión tomada. Según lo expuesto parece mas un requisito legal que cubre de demandas posibles. No hay bioeticistas a la vista. Que hable la comisión nacional de bioética.
Si es una pandemia y el estado como gestor del bien común y gerente de la situación de emergencia en que nos encontramos, se puede plantear decidir por los ciudadanos y así normar quienes tendrán que vacunarse para poder garantizar el bien de todos lo que lleva a preguntar acerca de la obligatoriedad de vacunarse, de cuestionar si es un deber gubernamental controlar el daño con la adquisición de vacunas e inoculación de esta. Todo por el bien común y por el beneficio de todos. En emergencia hay un estado de excepción donde los derechos quedan remitidos al poder del gobierno actuante.
Los derechos fundamentales no pueden silenciarse sobre todo cuando las propuestas se mueven en un margen de incertidumbre, lo que abre la opción de tomar en cuenta el derecho a no vacunarse. Ello abrirá un interesante dialogo entre las consecuencias de no vacunarse, el derecho a no hacerlo y la obligatoriedad estatal de imponerla como norma, son diálogos previos que ya debieron estarse dando.
La Comisión Nacional de Bioética es un interlocutor valioso en este momento, no ha sido tomada en cuentas ni llamada a conversar. Faltan mas palabras por decir y preguntar y hacerlo mas tarde es peligroso.
Invito a la CNB a tomar la iniciativa y poner los temas en el tapete. Es la hora del dialogo bioético.

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