Sin dudas que el que llega a una emergencia recibirá el tratamiento disponible. Ello no tiene novedad, es lo que se hace cada día y cada vez.

Donde el caso se complica es cuando la epidemia hace un pico, muchos casos y pocos recursos y surge la necesidad de decidir sobre la atención, no solo a cuál atender primero sino a cual dejar de atender.

Surgen aquí las fundamentaciones éticas utilitaristas “beneficiar al mayor numero”. No podrán ser todos entonces habrá que establecer criterios que sean lo mas moral posible.

La tarea ética absoluta es tratar a todos, pero no hay para todos, entonces se apela a temporalidad (quien llego primero), edad. sexo, embarazadas, etc

Edad: poner topes asumiendo la utilidad social, que generalmente favorecerá a los mas jóvenes y condenará a los viejos.

Todo es posible si por ejemplo faltas ventiladores y hay muchos necesitados.

Habrá momentos en que quien no sabe deliberar consigo mismo tomará decisiones de las que luego se podría arrepentir.

Los protocolos morales deben estar antes que el problema. Los criterios de recuperabilidad a veces son mas éticos que otros y previenen la futilidad terapéutica, el encarnizamiento terapéutico.

Ante un problema de justicia, más demanda que recursos para responder, se tienen que fundamentar en criterios racionales más que matemáticos.

El utilitarismo nos ayuda, pero no resuelve de manera proporcionada porque aborda situaciones de asimetría.

Los protocolos deben adelantarse a los hechos, ya es bastante con lo que los médicos se van a enfrentar clínicamente para

abandonarlos en medio del mar de la moralidad de sus actos.

La recuperabilidad posible podría ser un norte en momentos de crisis

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