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  • Presentación

Al dar inicio a estas líneas que tienen la intención de ser ideas disparadoras para el debate, provocaciones les llamo yo, hemos sido los primeros provocados y tentados a dejarnos llevar por la corriente y meternos de lleno en el tema de la bioética y equidad de género. Además, hemos sido persuadidos por la polémica de la ideología y política de género que está en boga e íntimamente relacionado con nuestro tema central.

Al no poder sustraernos por completo de la inclinación, hemos tendido un puente que pueda vincular las partes con el todo y queremos hacerlo partiendo de una breve definición de lo que ha sido entendido como concepto al referirnos a la palabra y el constructo social denominado “género”, así como al debate que los sustenta y nos podría dar pie al tema que es “bioética y equidad de género”

  • Bioética y equidad de género

La bioética surge como disciplina de fundamentos y acciones para poder responder a los procesos emergentes que defienden la vida haciendo uso de un instrumental deliberativo.

El género como tal, ha respondido a construcciones socioculturales que identifican y dividen las tareas o roles que han sido asignados desde una visión binaria de que las sociedades están constituidas por dos sexos, los cuales tienen tareas diferenciadas y a las que hay que observar, para evitar que una se imponga sobre la otra, trazando aspiraciones de igualdad en derechos y oportunidades, donde no primen sesgos de discriminación de ningún tipo.

En el informe “Igualdad de género” de la Unesco (sf) se plantea: “equidad de género. Se define como “la imparcialidad en el trato que reciben mujeres y hombres de acuerdo con sus necesidades respectivas ya sea con un trato igualitario o con uno diferenciado pero que se considera equivalente en lo que se refiere a los derechos, los beneficios, las obligaciones y las posibilidades. En el ámbito del desarrollo, un objetivo de equidad de género a menudo requiere incorporar medidas encaminadas a compensar las desventajas históricas y sociales que arrastran las mujeres” (https://es.unesco.org/creativity/sites/creativity/files/digital-library/cdis/Iguldad%20de%20genero.pdf)

Estas definiciones de género y equidad obviamente parten de un sustrato que es uno de los postulados de la discusión actual. Un género que se construye socialmente desde el reconocimiento absoluto de que existe una relación binaria de dos sexos aprobados, masculino y femenino.

Desde este enfoque ha quedado claro la inequidad de género en tanto que desde la visión sexual la historia se ha encargado dar al hombre los privilegios de un patriarcado unas veces explícitos como los marcados por la tradición griega y luego Judeo cristiana. En el primer caso el objeto de la vida sexual era la reproducción y los roles estaban definidos para el embarazador y la embarazada.

Luego la religión hizo su parte colocando al hombre como cabeza de la familia con roles de mando, generándose desde la antigüedad una primacía masculina que le hacía ser poseedor hasta del cuerpo de la mujer, línea que sería bueno investigar para encontrar enlaces con la violencia doméstica y los feminicidios.  

Está claro que para poder hablar de equidad hay que identificar las razones de la inequidad cuyas expresiones giran alrededor de las desigualdades y la violencia, las cuales se imponen de manera burda o soterrada a través de vinculaciones relacionadas a la coerción, a la sanción o imposición que se han generado y permitido en la historia y de las que veremos algunos puntos relevantes.

•          El debate de género se orienta en varias vertientes:

  1. El sexo y el género  

Para poder hablar de equidad tenemos que ponernos de acuerdo sobre la visión de género que estemos manejando, ya que si bien unas pueden negar a la otra no podemos afirmar que una desplazó a la otra y se instaló, sino que más bien coexisten.

Esta primera visión aborda la relación del género con el sexo biológico y sostiene:

 “Considerados de este modo, el sexo y el género serian dos dimensiones que confluyen en una misma realidad: la identidad sexual del ser humano. Un aspecto es natural o biológico-el sexo- y remite al dato empírico- “dado” o “recibido”- de la realidad empírica varón/mujer. El otro es cultural-el género- y conduce a la representación psicológica- simbólica, a la representación histórica y antropológico-cultural- con los condicionamientos sociales y culturales que ello conlleva, de la identidad masculina y femenina. En cualquier caso, interesa hacer notar que, en esta línea argumental, ambas perspectivas no se presentan como antagónicas, sino como complementarias. Se trata por ello, de dimensiones que, en un desarrollo equilibrado de la persona, están llamadas a integrarse armónicamente” Aparissi (sf).

Aunque los roles de género están relacionados en esta visión con las categorías biológicas del sexo son dos entidades distintas y complementarias. El sexo las identifica y diferencia a través de la anatomía y fisiología, mientras que género es una categoría social, una construcción, que, fundamentada en los sexos, ha otorgado funciones y asignado comportamientos que son socialmente esperados, y que de manera explícita encubre relaciones de poder.

Lo que complica el debate moderno es que lo que está en cuestionamiento no es la razón biológica, sino la existencia de dos sexos y la propia relación con sus papeles en la sociedad. Sobre estas dos posiciones gira el debate bajo acusación mutua de cada parte de que una intenta imponer una visión naturalista de la diada hombre mujer y la otra como orden meramente social.

•          Aparición del concepto de género vinculado a sexo

Al seguir las pistas desde estos orígenes encontramos un contexto marcado desde el mundo griego al mundo occidental donde el concepto binario del género queda establecido desde la impronta de la funcionalidad sexual y remarca la preminencia del varón sobre la hembra en las distintas esferas del ámbito social.

Los esfuerzos realizados en la tarea de eliminar las diferencias sociales, jurídicas y políticas y llevarlas a un plano de igualdad se ha conocido como igualdad de género. Este es solo una aspiración teórica que queda desvirtuada por la realidad y que, por demás, al ser levantada o respondida se limita casi de manera exclusiva al tema de igualdad de oportunidades. No obstante, no aborda la relación de poder, la propiedad y autogestión del cuerpo y sus consecuencias que en el ámbito de la violencia termina con las vidas de muchas mujeres por sus actuales o antiguas parejas o por interesados en serlo o por controlarlas.

La igualdad de género constituye pretensiones, aspiraciones que como ética de máximos no han encontrado eco real en las sociedades y muy a pesar de que las mujeres han escalado en formación y capacidad de respuesta profesional. No es menos cierto que, los mandos y los puestos donde se juega la toma de decisiones han seguido en manos de hombres que a su vez reciclan las relaciones de poder a favor del sexo masculino.

Para tratar el tema de equidad tenemos que partir del reconocimiento de la existencia de la inequidad de género, que como hemos visto, además de vincular relaciones de poder generan sentimientos y convencimientos, provenientes de la visión sexual del género sobre el tema del cuerpo, su propiedad y gestión.

No podemos abordar el tema desde la equidad de género y sus dimensiones bioéticas si antes no enmarcamos algunos referentes históricos y sociales posibles en las causas y manifestaciones que generan la inequidad lo que a mi entender provienen del sesgo aportado por la sexualidad y los roles de genero confundidos con los sexuales.

A las funciones asumidas según el sexo y/o asignadas por la cultura particular de cada colectividad se les reconocía como género, de modo tal que esta concepción sirvió de vehículo para imponer modelos de prevalencia masculina. Lo que la sociedad validaba como bueno, casi como natural, daba privilegios de género donde los varones tenían preminencia y los recursos quedaban distribuidos de manera desigual.

Por tanto y partiendo de las dos opciones varón y hembra según las características físicas de su genitalidad, se construyó un modelo de género no ya pautada solo por los roles reproductivos sino y sobre todo por la imposición de superioridad masculina con las consecuencias derivadas.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología, la ética de la reproducción en la era contemporánea cambió las reglas del juego separando la reproducción del placer y dio pautas para el empoderamiento sexual de la mujer y como contrapartida el enraizamiento de nuevas y más poderosas armas de resistencia masculina para imponerse con el mando social, por vías de sumisión o por vías violentas de coerción. 

  • Cuestionamientos al código binario del género

El concepto de género desde la óptica del rol sexual vigente empieza a ser cuestionado ante hallazgos de la biología con patologías de sexo ambiguo, por ejemplo, pseudo hermafrodismo generado por ausencia de hormonas como la 5 alfa reductasa que es una mediadora en el proceso de formación de la testosterona, que es la que da las características masculinas. (intersexuales, tienen alteraciones biológicas)

Esta realidad produjo problemas sociales en determinadas comunidades donde esta alteración hormonal era escondida y los protagonistas educados en base al sexo más desarrollado o a la voluntad de los padres y por lo que cuando al llegar el influjo hormonal de la pubertad podía encontrar una sorpresa de haber construido un género opuesto y un desfase mente-costumbres-cuerpo

Casos como estos y otros nuevos y de distinta etiología, que en la década de los 60 eran desconocidos, enfrentaron el binomio de construcción de género a una nueva realidad de personas de un sexo que se sentían ser del opuesto (transgénero), ahora el concepto de genero pasó a la psiquiatría al definirlos como personas de un sexo atrapados en cuerpo de sexo opuesto, iban a ser los luego llamados como transexuales. Los pertenecientes a esta categoría ya han sido sometidos a tratamiento quirúrgico y/u hormonal con la finalidad de adecuar las apariencias físicas con el sexo al que se sienten pertenecer.

Este término referido a la transexualidad se le endosa a Harry Benjamín (1953) que ante los casos descritos propuso fueran tratados hormonalmente con las propias del sexo con las que el paciente se identificaba. Luego John Money la denominó disforia de género o trastorno de identidad de género y el DSM IV lo reconoció como disforia de género a la identificación que hace una persona con el sexo opuesto al de su pertenencia biológica.

Basta aclarar que varias alteraciones pueden llevar a trastornos de género de este tipo, de manera que quedan excluidas el seudohermafroditismo que ya señalamos, pues, los propios de este acápite se caracterizan no por ambigüedad genital sino por una franca definición física de estos, con apariencia normal que corresponden a desavenencias entre el sexo vivido y el sexo sentido.

Sin intentar profundizar en estos detalles solo queremos hacer ver que el debate de identidad de género ha estado vinculado al sexo inicialmente y luego, al contexto para hacer coincidir la identidad sexual con el género en el mundo de las interacciones.

Las protestas de los afectados y de grupos profesionales hicieron que el DSM V revisara la clasificación y la OMS en el pasado año 2018 las sacó del capítulo de las patologías para clasificarlas entre “condiciones relativas a la salud sexual”

Podemos sintetizar que el concepto binario de género referido a sexo masculino y femenino ha tenido un espacio en la historia donde por razones de educación, socialización y poder el hombre ha hecho uso discriminatorio a su favor de la distribución de recursos y así llegando a creerse no solo como superior, sino entender   a la mujer como su propiedad con las consiguientes consecuencias que conocemos como el acoso, la extorsión, el feminicidio, la discriminación, la violación, entre otros.

Las alternativas de corrección llamadas como equidad y entendidas como camino hacia la igualdad de género se han complacido en la sesión de espacios colaborativos que quedan resumidos. Por ejemplo, en la política otorgando relaciones porcentuales para los cargos electivos, allí no se miden los méritos sino la proporcionalidad, que en mi país según la nueva ley de régimen electoral será entre 40/60% de la propuesta nacional y se valen de esa legitimidad para llenar la cuota con candidatas en lugares donde hay menos posibilidades de ganar, dejando esa posibilidad a la proporcionalidad masculina.

Ocurre cuando se destaca la participación del hombre en las tareas familiares y se define como un logro “que el colabora con ella” asumiendo que las funciones están dadas en virtud de los sexos; o cuando en el mundo laboral los salarios, los concursos, las participaciones tienen un sesgo sexista favoreciendo un contexto patriarcal. Este ha sido definido con el concepto del modelo de la subordinación, basado en que el sexo determina el género.

  • Aparición del concepto de género como construcción autónoma y no necesariamente vinculada al sexo.

La reacción al modelo de subordinación ha traído múltiples esfuerzos por el empoderamiento de la mujer, por la promoción de una nueva masculinidad. Esto es lo que ha llevado de manera explícita un rechazo radical a la idea de que el sexo determina el género, desplegándose variadas estrategias tendentes a la búsqueda equitativa de las participaciones y en otros casos igualitarias.

Ello ha tenido como escenario fundamental el mundo de la política, con resultados bastantes convincentes. Ahora surgen nuevos campos para el debate y para algunos sectores lo que estaría en discusión no es sexo-género.

Con el nuevo debate sobre género cambian las reglas del juego y el llamado a la equidad de género como tarea de posicionamiento social y respeto a la dignidad e igualdad de las mujeres cambia de escenario al introducir el cuestionamiento al concepto mismo y busca desvincularlo del modelo binario tradicional hombre-mujer para ampliar a una gama de categorías posibles que se están proponiendo incluir a través, de políticas dirigidas.

Esta innovación ha llevado a enfrentar nuevos retos, presentando lo que identifica la primera propuesta como feminismo de equidad y la segunda como post feminismo de género (o ideología de género) que reconoce la labilidad de los géneros como entidades cambiantes. Es asumir que se nace sexualmente neutro y la identidad de manera autónoma se va construyendo y requiere de legitimidad política y jurídica.

La bandera del feminismo de género la levanta el nuevo término “genderqueer”  y la queer theory que son utilizados para introducir  ante todo el mismo debate de los derechos y la igualdad pero no entre dos sexos diferentes sino iguales, sin diferencias. Esto con la posibilidad del reconocimiento de una variedad de géneros o la posibilidad de pasar de uno a otro y seria género fluido. Es una libertad de escogencia y pertenencia a un género y no la obligación de pertenecer al socialmente asignado y aprobado

Esta propuesta cuestiona todo lo establecido en las estructuras sociales, familia, matrimonio, religión, etc. y, sobre todo, abre una gama de posibilidades en cada uno de esto renglones, dando potestades al Estado en el manejo de asuntos privados como la educación de la sexualidad.

  • La posición incrédula: la ideología de género es un invento

Mientras se produce el debate señalado entre quienes valoran el sexo biológico como la marca para poder desarrollar un mundo de relaciones sociales que se denomina género y los que defienden el género desde la libertad de definirlo independiente del sexo físico con que se nace, construyen un nuevo concepto que es la ideología de género.

Una tercera posición descalifica el debate en tanto plantea que la ideología de género no existe, que es un invento y en especial acusan a las religiones y en especial a la católica, que se ha abanderado en la oposición a la misma, sentando amplios comentarios adversos a las consecuencias que señalan como lesivas a la dignidad de las personas.

El debate fundamental de estas posiciones estriba en que los primeros señalan al mundo religioso como los creadores del término para obstaculizar la posible legitimación de orientaciones sexuales homosexuales, que según ellos seria punto de partida para validarr otras expresiones como el transgénero, el transexual, la movilidad fluida de género.

Quienes rechazan esta entidad de nuevo cuño que se entroniza con el termino ideología de género plantean que en realidad esto es un ardid para evadir el debate de los derechos sexuales y reproductivos y de paso descalificar la posibilidad de una legitimación de la diversidad sexual en cuanto a orientación y en particular a la homosexualidad.

Quienes levantan esta bandera acusan directamente a las visiones religiosas prevalentes y en especial al Vaticano con sus posiciones de oposición redactadas ya que entendían que legitimar la homosexualidad daría paso abierto a una infinidad de géneros contrarios a la tradición religiosa y más aun confundidos con la orientación sexual o sea que se acusaba de la innovación de la orientación a la homosexualidad, al lesbianismo, al transgénero y al transexual como si  todo se trataba de una misma cosa pero contraria a lo que consideran la norma.

La marca religiosa levantaba como bandera la perpetuación de los atributos de los dos géneros validados como únicos, hombre y mujer y la preservación de las definiciones de cada cual, sobre todos los femeninos enraizados en la maternidad, amamantamiento y crianza de la cría, lo cual afianza como norma la relación afectiva solo entre el concepto binario del género como sexo.

Sus opositores descartan la idea de que la tendencia derivada sería la homosexualización de la vida toda, pasando por la educación, la familia y las costumbres tradicionales.

La ideología de género no existe, es un invento de los religiosos, dicen los adversarios.

  • Pautas para el debate bioético de la equidad de genero

¿Cambios en la visión de género?

  • Si el género solamente es considerado desde la perspectiva sexual, estamos frente a una nueva dimensión moral del debate, pues, se incluyen categorías que, definidas como minorías, o géneros queer aumentarían las diferencias desplazando no solo de la inequidad desfavorables a las mujeres sino sumándola a un grupo mayor de minorías que tienen sus demandas propias de legitimación que ahora serian sumadas a la desproporcionalidad.
  • Con la oferta del postfeminismo de género cambian todas las reglas de juego de la salud y los derechos reproductivos, dejando en libertad temas como la maternidad, el matrimonio, familia,  aborto, amamantamiento etc.

Esta situación nos plantea no solo un conflicto ético de inequidad sino de reconocimiento de nuevos géneros con definiciones muy abiertas que desplazan conceptos enraizados como la definición de dos sexos y la perspectiva libre de elección de géneros.

  • Si nos mantenemos en el encuadramiento binario de género como asignación social de las razones biológicas, estamos llamados a entender la equidad de género como ética de mínimos que deberá conducirnos al debate de los mínimos axiológicos posibles para una vida aceptable pero no recomendada como objetivo final.
  • Quedarse en la equidad es legitimar la inequidad de distribución de oportunidades y recursos. Lo han querido imponer visiones políticas falseadas que se dicen con orientación de género, por ejemplo, postulan porcentajes de mujeres para cargos políticos en caso de acceder al poder, en posiciones secundarias dentro de instituciones como la iglesia, o en los propios gobiernos, donde no se debate igualdad por competencia, por condiciones, por méritos sino por proporcionalidad enmascarada.
  • Urge analizar la equidad de género como tránsito a la igualdad no como aspiración propia. Esto variaría las condiciones del debate pues no caeríamos en la propuesta de abrir el debate y validación del gender queer que lo único que haría es desviar el enfoque ético al que debemos abocarnos, sino que el llamado deberá ser a debatir la dimensión ética de las propuestas para fundamentar desde el mundo de los valores.
  • La bioética deberá servir de espacio al debate de las nuevas propuestas, pero fundamentalmente aportando al reconocimiento de la igualdad de derechos en base a condiciones ónticas, a la dignidad humana, como seres humanos con deberes y derechos comunes en la construcción de una sociedad fundamentada en la justicia.

Referencias bibliográficas.

  • Aparissi, A (sf) Modelos de relación sexo género: De “la ideología de género” al modelo de la complementariedad varón-mujer.
  • Butler, J (2007) El género en disputa. Paidós. México.
  • Gracia, D. (2004) Como arqueros al blanco. Editorial El búho. Madrid
  • Informe: Igualdad de género: Unesco. Disponible en: https://es.unesco.org/creativity/sites/creativity/files/digital-library/cdis/Iguldad%20de%20genero.pdf
  • Ideología de género. Disponible en: https://www.bioeticawiki.com/Ideolog%C3%ADa_de_g%C3%A9nero
  • Miralles, A. Modelos de relación sexo-género. Disponible en: file:///E:/CONGRESO%20LA%20HABANA/CUBA/Modelos%20de%20relacion%20sexo-genero%20Aparisi.pdf
  • Varoucha, E (2014) Mito Revista Cultural 44. La identidad de género, una construcción social. Disponible en: revistamito.com

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